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"El Magnificat es una canción de compasión, alegría y misericordia. El sacerdote debe ver lo poético en María para servir al pueblo de Dios como debe ser servido," explicó el cardenal a la congregación, que incluía a los padres de Dinh, Hien y Minh, su hermano y dos de sus tres hermanas. Dirigiéndose a Dinh, el prelado oró, "Que la canción de María siempre te acompañe."
El nuevo sacerdote, nacido en Hue, Vietnam, recibió la llamada de servicio bien temprano; su cara juvenil no representa sus 42 años.
"Quería ser sacerdote desde que era chico," dice. "Sabía que las personas buscan a un sacerdote cuando tienen problemas. Quería estar presente para ayudarlos espiritualmente."
Ese chance lo tuvo cuando como seminarista hizo su entrenamiento en el extranjero en Tanzania por dos años. Dinh fue asignado para asistir al Padre de Maryknoll James Eble, párroco de la Iglesia de la Transfiguración en Mwanza, la cual abarca barriadas pobres esparcidas con un total de 60,000 personas. "Su responsabilidad mayor era visitar a los enfermos en nuestras 22 comunidades cristianas," indica Eble. "Noté su manera compasiva cuando cantaba, rezaba y daba la comunión a los feligreses."
Para el nuevo misionero, esa experiencia fue la esencia de su misión. "Visitando hogares comprendí mejor la situación de la gente," señala. "En sus casas las personas se sentían más cómodas para compartir sus problemas. A veces pude llevar las necesidades individuales de algunos a la comunidad entera. Una vez, cuando visité una anciana y vi que no tenía comida, logré que la comunidad la ayudara."
Cada dos meses Dinh viajaba de Mwanza dos horas y media al sureste, a Shinyanga, donde se quedaba por una semana con el Padre Daniel Ohmann y el pueblo watatulu que éste sirve. "El pueblo es nómada en medio de la nada," dice el Padre Dinh. "Habían invitado al Padre Ohmann a que se quedara y les enseñara. Él vive en una tienda de campaña y les enseña sobre Dios a través de su ejemplo. Al principio, yo no los entendía. A veces me llevaba casi un día entero para lograr su confianza. Con el tiempo aprendí a relajarme y ser parte de ellos. Así lo hace el Padre Daniel. Entonces todos comparten lo que les preocupa."
El Padre Ohmann ha trabajado en África por más de 40 años y con los watatulu por la última década. Él se impresionó de cómo los watatulu respondieron al joven misionero, cuyo deseo de compartir su fe en Cristo se reflejaba en su persona. "Los watatulu no confían en la gente como confiaron en Dinh," dice el Padre Ohmann. "Personas de todas las edades se vieron atraídas a él."
Para el Padre Dinh el sentimiento era mutuo. "Soy una persona quien siempre tiene su lista de quehaceres," explica. "Pero el pueblo africano me enseñó a ser más paciente y tranquilo."
Esos eran dones que Dinh necesitaba en su propia jornada vocacional, que comenzó en Vietnam. Él ingresó en el seminario San José en la Diócesis de Saigon en 1987. "Fui un seminarista clandestino pues no tenía la aprobación que se necesitaba del gobierno para estudiar para el sacerdocio en ese tiempo," explica, refiriéndose a las restricciones impuestas a los cristianos vietnamitas después del golpe comunista en 1975.
Toda persona con algo de autoridad, como su padre, sufrió aún más. "Mi papá era maestro. Cuando fue llamado al servicio militar lo hicieron capitán," dice Dinh. "Después que los comunistas tomaron el poder, mi papá fue detenido y permaneció seis años como prisionero político. Durante ese calvario mis padres se aferraron más a su fe y nunca se sintieron amargados."
Entretanto, el futuro misionero ganó un bachiller en física de la Universidad de Ciencias de Ho Chi Minh. Sirvió como director de coro y catequista en una parroquia rural en las afueras de Saigon. "Tuve la oportunidad de vivir con los más pobres de los pobres, quienes comían una sola vez al día. En 1993, cuando el gobierno de Estados Unidos patrocinó a mi familia para venir a Garden Grove, California, donde yo tenía de todo, me di cuenta que quería pasar mi vida al servicio de los pobres."
Ver una revista de Maryknoll en su parroquia de San Policarpo en Stanton, California, le dio inspiración y dirección. "Leí un artículo sobre el Padre de Maryknoll Robert McCahill en Bangladesh ayudando a los pobres sin importar su religión. Eso me gustó. Todos somos hijas e hijos de Dios."
Dinh se unió a Maryknoll en 1998. Dice que su mejor preparación para la misión fue lo que aprendió con el pueblo de Tanzania y sus mentores, los Padres Eble y Ohmann.
Los dos misioneros veteranos estuvieron a su lado el día de su ordenación cuando recibió su cruz misionera y su asignación para servir en África. Aunque él no está seguro precisamente donde servirá, sí está seguro de lo que hará. "Dios ama a las personas," dice. "Somos llamados a compartir ese amor." María lo dijo de otra manera: "La misericordia de Dios es eterna con aquéllos que lo honran."
PARA SER PADRE DE MARYKNOLL
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ALGUNOS REQUISITOS:
Ser hombre católico soltero no mayor de 40 años de edad. Tener buena salud y estar dispuesto a vivir en condiciones de vida difíciles. Ser ciudadano o residente permanente de Estados Unidos. Estar dispuesto a estudiar para una maestría en Divinidad.
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David E. La Buda, M.M.
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